24 febrero 2013 - 20:30

COLOMBO, Sri Lanka. (ABNA) — Treinta y tres inmigrantes musulmanes que fueron rescatados en la costa de Sri Lanka la semana pasada dijeron que estaban en un barco rumbo a Malasia cuando las fuerzas navales de Tailandia les interceptaron y tomaron el motor de la embarcación.

De acuerdo a la Agencia de Noticias de Ahlul Bait (ABNA) — Los sobrevivientes dijeron que quedaron flotando en el mar durante 25 días sin agua y comida cuando la marina de Sri Lanka finalmente les rescató el sábado pasado a unas 250 millas de la costa este del país, mientras que el barco comenzó a hundirse.

Los sobrevivientes, 32 hombres y un niño. fueron llevados a un centro de detención de inmigrantes cerca de la capital de Sri Lanka, Colombo, mientras se encontraban en un grave estado de deshidratación.

"El viaje era peligroso, pero lo tuvimos que hacer...ya que tememos por nuestras vidas, sin trabajo, y una gran lucha (Birmania)", dijo uno de los sobrevivientes, Shofiulá.

Shofiulá dijo que habían 130 musulmanes de la etnia rohingya en el barco y que cada uno había pagado usd $ 465 para el viaje que se inició el 10 de enero.

La Marina de Tailandia ha rechazado la acusación.

Mientras tanto, el Alto Comisionado para los Refugiados expresó su preocupación por el número cada vez mayor de muertes de musulmanes rohingya en el mar. El organismo internacional también instó al gobierno de Birmania para "promover la reconciliación y el desarrollo económico del Estado Rajine, buscando medidas prácticas para garantizar los derechos básicos para que los musulmanes rohingyas puedan llevar una vida normal donde están, y les den acceso a la ciudadanía".

El gobierno de Birmania por su parte se niega a reconocer a los musulmanes rohingya como ciudadanos y etiqueta a la minoría de unos 800.000 habitantes como inmigrantes "ilegales" del vecino Bangladesh, que no ha mostrado ninguna voluntad de ayudar a los rohingyas.

Más de 100.000 rohingyas han sido desplazados desde que la violencia sectaria estalló en junio, según la ONU.

Los musulmanes rohingya se han enfrentado en Birmania a la tortura, al abandono y a la represión desde hace ya muchos años.

Musulmanes Rohingyas Enfrentados a la Discriminación Oficial

La Ley de Ciudadanía de 1982 de Birmania niega efectivamente la ciudadanía a la población rohingya, que se estima entre 800,000 y 1 millón de personas. El 12 de julio, el presidente de Birmania, Thein Sein, dijo que la “única solución” a la lucha sectaria era expulsar a los rohingya a otros países o a campamentos supervisados por la agencia para los refugiados de las Naciones Unidas.“Los enviaríamos al extranjero si los aceptara un tercer país”, dijo.

La legislación y las políticas birmanas discriminan a los rohingya y vulneran sus derechos a la libertad de movimiento, la educación y el empleo. Los funcionarios del Gobierno birmano se refieren normalmente a los rohingya como “bengalíes”, “esos que llaman rohingya” o con el término peyorativo “kalar”; y los rohingya se enfrentan a considerables prejuicios de la sociedad birmana en general, incluso de históricos defensores de la democracia y minorías étnicas, los cuales llevan tiempo enfrentándose a la opresión del Estado birmano.

La nueva comisión de derechos humanos de Birmania –presidida por Win Mra, de origen arakanés–no ha contribuido de manera eficaz a controlar los abusos en el estado de Rakhine, dijo Human Rights Watch. En un examen del 11 de julio de la violencia sectaria, la comisión señaló que el Gobierno no había cometido abusos, afirmó que se habían atendido todas las necesidades humanitarias y no abordó el tema de la ciudadanía y la persecución de los rohingya.

“El Gobierno birmano necesita modificar con urgencia su ley de ciudadanía para poner fin a la discriminación oficial contra los rohingya”, dijo Adams. “El presidente Thein Sein no puede hacer creer que está promoviendo los derechos humanos mientras pide la expulsión de personas por motivos de origen étnico o religión”.

La violencia sectaria ha creado necesidades humanitarias urgentes para las comunidades tanto arakanesa como rohingya, señaló Human Rights Watch. Las organizaciones arakanesas locales, financiadas sobre todo con contribuciones locales, han suministrado alimentos, ropa, medicamentos y refugio a los arakeneses desplazados. Por el contrario, el acceso de la población rohingya a los mercados, los alimentos y el trabajo sigue siendo peligroso o ha sido bloqueado, y muchos rohingya llevan varias semanas ocultos.

El Gobierno ha restringido el acceso a zonas afectadas, especialmente las regiones rohingya, lo que ha obstaculizado la respuesta humanitaria. Los trabajadores de las Naciones Unidas y de ayuda internacional se han enfrentado al arresto y a las amenazas y la intimidación de la población arakanesa local, que considera que las agencias de ayuda están sesgadas hacia los rohingya. Las restricciones gubernamentales han hecho que las agencias humanitarias no puedan acceder a ciertas áreas, como los pueblos al sur de Maungdaw.

“Las autoridades deben permitir inmediatamente el acceso sin trabas de las agencias humanitarias a todas las poblaciones afectadas, y deben empezar a trabajar en la prevención de futuros episodios de violencia entre las comunidades”, dijo Adams. “El Gobierno debe ayudar a ambas comunidades con la restitución de sus propiedades y asegurándose de que todos los desplazados pueden regresar a sus hogares y vivir con seguridad”.

Desde los episodios de violencia de junio, miles de rohingya han huido al vecino Bangladesh, donde se enfrentan al rechazo del Gobierno en violación del derecho internacional. Human Rights Watch presenció como los hombres, las mujeres y los niños rohingya, que llegaron a la costa y rogaron la compasión de las autoridades de Bangladesh, fueron empujados de regreso al mar en embarcaciones de madera muy poco adecuadas para navegar durante fuertes lluvias monzónicas, y fueron expuestos al riesgo de morir ahogados o de hambre en el mar o de que los persiguieran en Birmania. No se sabe cuántos murieron en estas embarcaciones devueltas al mar. Los que lograron llegar a Bangladesh viven ocultos, sin acceso a alimentos, refugio o protección.

En virtud de las normas internacionales de derechos humanos, Bangladesh tiene la obligación de abrir sus fronteras y ofrecer refugio al menos temporal a los rohingya, hasta que puedan regresar a salvo a sus casas. Human Rights Watch instó a los Gobiernos preocupados por la situación a que asistan a Bangladesh para lograrlo y que presionen tanto a Birmania como a Bangladesh para que pongan fin a los abusos y garanticen la seguridad de los rohingya.

“Bangladesh está violando sus obligaciones legales internacionales al empujar despiadadamente a solicitantes de asilo al mar abierto en barcos destartalados”, dijo Adams.

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